Nadie escapa al soliloquio de una larga noche de insomnio, ni al "ruidoso" silencio que inunda esas horas, que más que horas, en esos momentos, parecen días y que, a algunos, les atormentan cual si fueran semanas, meses o años, quizá. Si es mi propia voz con la que converso, debe ser mi espíritu de donde emergen las palabras; la angustia a partir de la cual, se entrelazan; el silencio, testigo de esas oraciones entretejidas. Me pregunto:¿Dios existe? Al respecto, dice un el poeta Antonio Machado: "El que habla sólo... ¿espera hablar a Dios un día?"¡Vaya, parece que la vida permite ensayos entonces! Hundidos en el mundanal bullicio nos encontramos, cuando en vigilia permanecemos y al anochecer, cubiertos de la penumbra, el silencio intenta abrazarnos, pero nos resistimos: las palabras devienen, se van, lloran, ríen, se revuelcan, juegan, se enfadan, se alegran, se odian, las odias, las amas...las dices, las escuchas , las contestas, las ignoras...las amas, las odias. Así, las horas transcurren: la luna testigo, la noche el hastío....el sueño, el anhelo; la Soledad el estrujo, la conciencia, el verdugo; ¿y Dios? la duda. Yo, la efímera certeza...el Día, nuestro escenario en el teatro y el drama de nuestra Vida, mi historia, el guión, Otras noches, otros días, ¡la Comedia¡. Kh.
